¡Os damos la bienvenida a Don de lenguas!
Esta semana os traemos un programa en el que hemos charlado con Alicia Martorell, una traductora de dilatada carrera que recientemente ha resultado ganadora del XX Premio de Traducción Esther Benítez. Alicia compagina la traducción editorial con su labor en otros campos, como la traducción institucional y la financiera. Esporádicamente, imparte formación en universidades, centros privados y asociaciones profesionales, y es una apasionada de la investigación y del proceso de documentación previa que toda traducción conlleva. Nuestra invitada publica con regularidad en El trujamán (os recomendamos encarecidamente que leáis su última contribución) y pertenece al comité de dirección de Vasos Comunicantes, la revista de ACE Traductores, asociación de la que también forma parte.
Además, hemos aprovechado para preguntarle a Alicia por el diario de traducción que decidió llevar durante el proceso de verter ¿Quién teme al género? al castellano. Este cuaderno experimental comprendía reflexiones, dudas, información adicional, soluciones traductológicas... y el resultado es una fuente riquísima de conocimiento sobre la labor de traducir en general y sobre el lenguaje y el género, con especial atención a Butler, en particular. De entre las muchas ideas que contiene el diario, una sobre la que hemos charlado con Alicia es la de traducir sin incluir «ninguna marca de género que no esté previamente en el inglés, en un intento de no dar nada por hecho y de no dar al binarismo más lugar del que le da la autora», una decisión que le permitió reflexionar sobre género, binarismo y lenguaje. Y, en el curso del trabajo, Alicia descubrió que «es perfectamente posible construir un texto en castellano en el que no se presupongan diferencias de rango entre el masculino y el femenino, sin que se resienta por ello la fluidez o la economía del lenguaje».
Durante nuestra conversación, también hemos tenido la oportunidad de reflexionar con Alicia sobre el potencial transformador de la traducción como actividad y experiencia intelectual, y acerca de la faceta de aprendices vitalicias de las personas traductoras. «Yo dejo [...] que las traducciones entren en mí y me cambien cosas», confesaba nuestra invitada.
Alicia nos ha regalado una reflexión final sobre la importancia del asociacionismo (y, en general, las conexiones humanas) en un contexto en el que la precariedad económica y social impide que muchas personas vivan dignamente de la traducción (especialmente, por desgracia, en el ámbito editorial). De hecho, a la pregunta de qué rescataría de su dilatada carrera como traductora, nuestra invitada ha respondido que, sin duda, se quedaría (entre otras muchas cosas) con el entorno, con la red de personas que la han acompañado durante el camino. Quizá eso sea también la traducción, un viaje que podemos emprender en soledad, pero que siempre concluimos en compañía.
Realización de la entrevista y redacción de la entrada: Martín Azcárate Muez.












